Eran las 12.15am, N de Nikita estaba tranquila en su cuna plegable (la pediatra nos pidió no tocara el suelo con la punta de sus dedos hasta que los mocos fueran de viaje). En mis manos, una caja llenita hasta el último rincon de gusanitos especiales para bebés, sin lactosa, fáciles de morder, exquisitos al gusto (al salir de la oficina, soportando el tráfico, no pude evitarlo y los probé). Sentada en el suelo, disfrutando de las imágenes que hoy subo, leí la carta que Leo, el hijo de Maria José, escribió a Nikita, una carta "buena vibra" como dicen acá. La doble de vuelta, la metí en el sobre rojo bermellón que la protegía y la guardé, con mucho cuidado, en el album de Nikita, mi Nikita viajera, ese donde nada escapa de permanecer bajo sus solapas sin miedo a que lo estropee un solo mal recuerdo.Llenaste mi despacho con miles de sellos pegados en un papel marrón que hoy conservo. Lograste sacar mi sonrisa "completa". Tu caja-carta llega justo en el momento indicado. No tengo palabras Maria José. El océano se hizo "chiquito".
-No hay palabras-






