N de Nikita devorando mi colección de pingüinos. Es algo que no tenía previsto. Pero eLLa, mi pequeña ñam-ñam, los toma de dos en dos, los zarandea, se los mete en la boca y los lanza cual cohete al espacio sideral. Al océano asfaltado. Formaban parte de un sin fin de recuerdos de mi pasado, ahora son parte de su presente. De sus 7 dientes. Esta mañana el zoo de Miami se cuela en mi memoria, aunque, igual que hace 2 años, los pingüinos no están.
Un zoo sin pingüinos, definitivamente, no es un zoo.













