
Hace meses, esperando que llegara la pediatra, en una sala colapsada de niños y niñas, N descubrió (entre la multitud y no me pregunten como), el increible
gusano con ruedas. Recuerdo sus ojos, la expresión de su cara (puro botox), su mano gancho (rápida como su deseo). Y se lo quitó. A un niño más grande que eLLa.
Como en toda sala colapsada, hubo entrada y salida de llantos, acompañada de deseos insatisfechos. El gusano con ruedas volvió a las manos de su dueño.
Hace apenas unas semanas, caminando por la sección de juguetes, N de Nikita se bloqueó. El reino Fisher-price ante sus ojos. Pero fue entonces, cuando en la segunda balda, apareció. El gusano con ruedas. 1 de miles. Cara de botox (toma 2). La que escribe, que es su madre, no pudo más que sacar el monedero del bolso.
Hay cosas que el dinero no puede pagar, para todo lo demás: MASTERCARD.