
lo que tenía que suceder. Ayer, al volver del trabajo, como cada tarde, tomé a N de Nikita en mis brazos para atacarla a base de besos y abrazos. Al ir a dejarla en el suelo, su hábitat encantado, se puso a "berrear" (si, esa es la palabra, no hay otra que mejor defina tal escándalo), con lo que de nuevo a mis brazos. Unos minutos más tarde, intenté dejarla de vuelta al suelo, y zas, el mismo escenario, el mismo "berreo" incontrolado, pero, dale, esta vez sucedió, ella, la pequeña con sus bracitos en aspa y su boquita puchero, habló, ajá, dijo "
m a m á" con todas su letras, mirándome a los ojos, con carita de no haber roto en su vida un plato. Y lo logró, me quedé agarradita a su cuerpo, estrangulando mi amor por ella, hasta que cayó dormida, meciéndonos, como quien no encuentra el equilibrio entre tanta felicidad, bajo un cielo de estrellas nicaragüenses, suspirando...