eLLa es independiente y no se rige por normas establecidas. Ni siquiera en pájaro metálico con alas de acero a tropecientos mil metros del suelo. Su estado, como no, incansable. La vuelta a casa fue un cúmulo de anécdotas fáciles de contar pero imposibles de olvidar. Se pagó exceso de equipaje (sus juguetes y ropa superaron la primera norma). Gritó, pataleó y escapó a la cabina del piloto (con la que escribe muerta de pánico, esperando represaria, pero no, eLLa no, eLLa quebró otra norma camelándose a la azafata de turno y bailando al son de aplausos). Cenó en mis rodillas hasta que recordó que eLLa puede, que ha aprendido a comer sola, extrangulando trozos de pasta tártara con la cuchara y lanzándolos al aire, cual tirachinas, con la mala suerte de aterrizar un tortellini en la cabeza de nuestro vecino de asiento. De como se escapó corriendo y acabó en la máquina tira gases en el control de equipajes exageradamente gringo, mientras la que escribe se quitaba cinturón y doblaba carrito, no lo voy a contar...Una vez en Miami, esperando nuestro segundo vuelo, eLLa, mi querida N que para entonces era querida por más de uno, divisó un guau-guau y allá que fue, no hubo miedo al ver tremendo gringo-poli-malo al lado, el guau-guau quedó rendido a sus pies y con las 4 patas pa´rriba Nikita le hizo un masaje en la panza que no daba crédito. Hasta que pasó silla de ruedas y fue ahí donde N demostró su afán de colaboración, empujando el carro, recibiendo risas y aplausos de los que estaban disfrutando del show... Aun y así llegamos, a tiempo, eLLa en mis brazos, yo en los de eLLa ...
Si alguien me lee, pasajero del vuelo 698 de American Airlines, gracias, gracias por tu paciencia y comprensión pues nunca escuché tantas veces el nombre de mi hija zumbando en mis oidos...





